Cumplimos 2 meses largos de confinamiento en nuestras casas. Posiblemente sea el mayor tiempo pasado nunca y del que seguro que sacamos muchas conclusiones al respecto.

Nuestro “hogar, dulce hogar” nos ha abierto sus puertas para salvaguardarnos de lo que hay ahí fuera y seguro que nosotros, lo que más hemos estado haciendo ha sido criticarlo y encontrarle defectos.

Pero un hogar hay que cuidarlo, mimarlo, y confío que más de una persona haya desempolvado su “botiquín” para curar las heridas abiertas (quizás desde hace mucho tiempo) de nuestra casa y, por ejemplo, cambiar mosquiteras rotas, ordenar los armarios, sellar agujeros, colgar cuadros, fijar la estantería, arreglar las humedades… como poco.

Si tuviéramos la oportunidad de cambiar de casa, nuestras preferencias después de todo este tiempo seguro que son muy distintas a las que principalmente tuvimos. No pensábamos pasar tanto tiempo en casa y si encima tenemos niños demos gracias si no se nos ha caído encima…

Aún así es de agradecer el hogar que tenemos y nuestra capacidad para adaptarnos y sacarle partido. ¿quién iba a pensar que el comedor se convertiría en un aula de colegio? ¿y la cocina en la sala de reuniones on line? El pasillo en el patio del colegio y las ventanas o balcón en un anfiteatro. El baño en una sala de meditación y la habitación principal en una sala de cine familiar.

Tener una vivienda digna es un derecho y, aunque luego depende de nuestra liquidez económica y nuestras preferencias personales, un hogar puede influir en nuestra salud, en nuestra calidad de vida, en nuestro bienestar. De ahí la importancia de nuestras elecciones en cuanto a dónde vivir, qué materiales escoger para construir la casa, qué tipo de pintura, de cerramientos, la orientación de la casa, la ventilación…

Lo barato sale caro, dicen. Y con este dicho no sólo me refiero al tema económico sino, como he dicho antes, al bienestar, a la salud. Muchas enfermedades vienen dadas por el mal estado de los edificios y por la contaminación del aire en los espacios cerrados. Pensad que una casa puede ser la compra de tu vida y que será testigo de inolvidables momentos.

La calidad y el diseño no están reñidos, por eso en CEL-RAS apostamos por diseñar y construir bajo los estándares del Passivhaus y el Green Building: garantizando confort, sostenibilidad y respeto al medio ambiente, que sólo tenemos uno.