Artículo de opinión.

 

La construcción del poder y Rusia

El filósofo y sociólogo Ernst Cassirer decía que el “el diseño va acompañado de un significado…y la cultura es la forma en que las personas crean significado a través de símbolos”. Más recientemente, el arquitecto Fernando Chueca Goitia escribía que la mejor manera de tomar el pulso de la cultura de una nación es ver el desarrollo de sus ciudades. Ver si respetan su pasado o, por el contrario, el afán de aparentar se antepone a un gran vacío cultural.

Las naciones, a través de sus ciudades, intentan plasmar sus aspiraciones de poder e intentan posicionarse en el mundo. El rascacielos refleja ese anhelo del hombre de superación, desde las pirámides, pasando por la torre Eiffel, hasta los rascacielos más recientes.

Rascacielo se considera a partir de los 100 metros de altura y se asocia a una sociedad moderna y económicamente pujante. Originario de EEUU, siendo Chicago y New York los referentes clásicos, se ha exportado a otros continentes y ciudades. Las cities americanas emanan poder, pero también espíritu de libertad y democracia, tal y como dice un proverbio alemán medieval “el aire de la ciudad vuelve libre”.

Pero la conciliación del objeto rascacielos y el espacio público es lo que constituye la belleza de una ciudad como New York, y es que este modelo no es fácilmente exportable a otros lugares porque la cultura, las condiciones climáticas y la dinámica económico-social influyen en la percepción del individuo. Por este motivo, los gobernantes suelen caer en la caricatura y lo grotesco al tratar de abusar del objeto en sí mismo en detrimento del espacio público. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de pasear por New York y por Abu Dhabi, Qatar, Dubai, Estambul, Ankara o Kuala Lumpur, lo puede constatar.

Y así llegamos a la todopoderosa Rusia, que nos está ofreciendo estos días su lado más siniestro. Cassirer clasificaba las formas simbólicas en tres funciones: expresión, representación y significado. La composición fálica del rascacielos responde eficazmente a este modelo, cuestión de testosterona supongo. Moscú ya tiene su “city” y podemos ver la estampa hipnotizante del conjunto de rascacielos de un parque temático más del business que parece decirnos -¡Ey! ¡Aquí estoy yo también!-. Rusia ya tiene su símbolo y también conocemos su significado.