Primero fue el confinamiento lo que nos hizo plantearnos nuestra vivienda actual. Si tenía balcón o terraza, si estaba bien orientada, si tenía buen aislamiento, dónde estaba ubicada y con qué servicios contaba nuestro barrio…

Ahora ha sido el temporal Filomena el que nos ha hecho replantearnos otros aspectos de nuestro hogar: el aislamiento de las ventanas o los sistemas de calefacción.

Con el paso del tiempo los sistemas de climatización (calefacción y refrigeración) van mejorando a pasos de gigantes por eso la opinión de uno u otro puede variar según el momento en que se plantee su instalación pero, a día de hoy, si nos preguntan la opinión como profesionales aconsejaríamos la instalación de suelo radiante. Para CEL-RAS, además de la arquitectura, del diseño de la vivienda, prima el confort de las personas y el respeto por el medio ambiente. Es por ello que el suelo radiante estaría entre nuestras preferencias a la hora de aconsejar un sistema de climatización ya que se ha convertido en uno de los sistemas de calefacción más eficientes y que mayor confort proporcionan gracias a una serie de características muy particulares.

Ventajas del suelo radiante:

  • Es un sistema que emana calor (o frío) de una forma homogénea gracias a las tuberías o cableado instalado bajo el pavimento de la vivienda, lo que convierte la superficie más amplia de la casa en una gran fuente de calor, sin crear corrientes de aires y un ambiente más saludable.
  • Centrándonos en la opción de suelo radiante de agua caliente (y no el eléctrico) el consumo de energía es muy reducido ya que la temperatura del agua es mucho menor que en un sistema de calefacción por radiadores, lo que ayuda a que la energía consumida sea menor y reduzca las emisiones de CO2 a la atmósfera.
  • La combinación del suelo radiante con sistemas renovables aumenta la calificación energética de la vivienda y por lo tanto el bienestar de los usuarios.
  • Es un sistema de climatización “invisible” ya que los elementos calefactores no se ven al estar bajo el pavimento, tras la pared o sobre el techo. Aunque hablamos de suelo radiante también es posible que tanto el techo como las paredes sean radiantes. La opción más común es la del suelo radiante, en cambio también es posible que el techo o las paredes también sean radiantes. El problema está, en el caso de las paredes, que aunque sea más fácil hacer el purgado de los gases y caliente/refresque el ambiente antes, sobre las paredes calefactoras no se pueden colocar muebles, cortinas, etc. porque se reduce enormemente la transmisión. En el caso del techo radiante, la instalación suele ser más económica y fácil de mantener que la del suelo pero resultan ser poco apropiados cuando la altura no es muy elevada (<3 metros).
  • El suelo radiante mantiene la humedad natural de una estancia, evitando la generación de polvo y concentración de ácaros. Mientras tanto, los radiadores tienden a reducir no solo la humedad, sino también el nivel de oxígeno.

¿Cómo funciona el suelo radiante?

Como hemos comentado al principio, las instalaciones radiantes para calefacción pueden ser suelo radiante eléctrico o por agua caliente, pero nos vamos en esta última que suele ser la más habitual.

El principio básico del sistema de calefacción y refrigeración mediante superficies radiantes, consiste en la impulsión de agua a media temperatura (en torno a los 40ºC en invierno y a los 16ºC en verano) a través de circuitos de tuberías plásticas fabricadas principalmente en polietileno, utilizando para calentar el agua diversos sistemas como calderas, bombas de calor, energía solar térmica e incluso geotermia proporcionando un sistema de calefacción muy confortable y de bajo consumo energético.

Estos circuitos se soportan sobre un aislante térmico y quedan recubiertos por una capa de mortero de cemento y sobre la que se coloca el pavimento final, ya sea de tipo cerámico, piedra, madera, linóleo u otros materiales. Cuando el sistema funciona en modo calefacción, se hace circular agua de modo que el calor es cedido al ambiente a través de la capa de mortero y del pavimento, mediante radiación, conducción y en menor grado convección natural. Por el contrario, cuando un sistema radiante funciona en modo refrigeración, el exceso de calor contenido en la estancia se absorbe, a través del pavimento y de la capa de mortero que contiene las tuberías por las que circula agua fría, disipándolo hacia el exterior de la vivienda.