Cuando se habla de casa pasiva, ecológica, sostenible, … lo primero que viene a la cabeza es “más dinero” y ya si eso, luego, se piensa en el respeto al entorno y al medio ambiente y en la salud de uno mismo.

Estamos muy equivocados con esta idea porque, hoy en día, no sólo es factible construir una casa pasiva, sino que además es necesario para contribuir tanto a la buena salud del planeta como a la nuestra.

Cuando hablamos de casa pasiva, nos referimos a esas construcciones cuyo consumo energético es muy bajo o prácticamente nulo durante su uso, es decir, en el día a día de sus habitantes. Una casa pasiva puede consumir hasta el 90% menos de energía respecto a un edifico convencional del siglo XXI sin verse afectado nuestro confort ni nuestra salud, sino todo lo contrario. Hay viviendas que incluso pueden llegar a generar más energía de la que normalmente necesitan ya sea por su emplazamiento geográfico, orientación y/o materiales empleados.

Si hacemos una breve, pero importante, compilación de las ventajas de una construcción de una casa pasiva tenemos:

1.- Reducción de las emisiones de CO2: al reducir tanto el consumo energético comparado con una vivienda tradicional, se consigue reducir las emisiones de CO2 a lo largo de toda su vida útil lo que supondrá mejor salud para nosotros y para nuestro planeta.

2.- Calidad de aire interior: una casa pasiva se equipa con sistemas de ventilación con recuperador de calor que permiten recuperar parte de la energía del aire climatizado interior. El aire que entra en la vivienda está previamente filtrado eliminando la presencia de polvo, ácaros y partículas nocivas para el ambiente.

3.- Temperatura constante en todas las estancias durante todo el año. 21 grados en invierno y 25º en verano. Estas temperaturas se pueden conseguir sólo con la aplicación de sistemas pasivos, aunque será el cálculo específico de cada proyecto el que recomendará según las características de la casa y el emplazamiento, la utilización de sistemas activos de escasa potencia y consumo. Reduciendo así en un 75% el gasto de calefacción y refrigeración.

4.- Mejor aislamiento acústico: Para construir una casa pasiva debemos conseguir un aislamiento térmico continuo de toda la envolvente de la vivienda lo que favorece a la vivienda de un excelente confort térmico y además nos protege del ruido exterior

El coste de construcción de una vivienda pasiva se estima entre un 5% y un 10% superior con respecto al de una vivienda convencional, aunque haríamos mal en comparar un tipo de vivienda con el otro cuando las prestaciones de confort y salud no son las mismas.  El período de amortización de este incremento de coste se valora, como máximo, en 10 años para recuperar esta inversión inicial, pero es importante reseñar que este pequeño sobrecoste se está reduciendo día a día a consecuencia de la aparición de nuevos productos en el mercado de la construcción y al aumento de las exigencias de la normativa española, que cada vez se acercan más a las exigidas por el Passivhaus Institut, por lo que os preguntamos ¿Por qué no empezar ya a cuidarse y a cuidar el medio ambiente antes de que sea tarde?