Crónica por Juan Miguel Gil.

 

Antecedentes

Mucho se escribió en su día sobre las obras de regeneración urbana de la Plaza de la Sinagoga de Onda. La mayoría no ayudaron a su comprensión sino más bien fueron encaminadas a generar enfrentamiento político y vecinal, estando todas estas acciones muy lejos de crear espacios de entendimiento y comprensión por un futuro mejor para el centro histórico de Onda. Las obras públicas, por definición, se sufragan con dinero público de los contribuyentes y son necesarias para mejorar o renovar los espacios públicos, especialmente aquellos degradados física o socialmente. 

Las plazas son, en analogía al salón de la casa, los salones de las ciudades, lugares de encuentro y esparcimiento de los habitantes. Los tres equipos de arquitectura que participamos en el proyecto de la plaza de la Sinagoga ya habíamos colaborado anteriormente en otros encargos similares. En 2012 ganamos la licitación del Plan Especial de Protección del Centro Histórico de Onda donde teníamos varios objetivos a nivel urbano, económico y social. En el aspecto urbano planteábamos una estrategia basada en actuar de forma puntual en las catorce plazas que están unidas por la red de callejuelas de carácter islámico. Con estos “tratamientos de acupuntura urbana” se pretendía que se reactivaran áreas concretas para mejorar la calidad de vida de este tejido histórico y atraer así nuevas actividades y reedificaciones. 

 

El Proyecto

El proyecto de la plaza de la Sinagoga fue el cuarto de este tipo de encargos por parte del Ayuntamiento de Onda y, sin duda, el de mayor reto por varios condicionantes: el primero de ellos era el presupuesto, muy escueto para la ambiciosa actuación; el segundo concionante fue el encontrar un excavación arqueológica de suma importancia con restos islámicos (s. XI-XII) y de época gótica cristiana (s. XIII-XV); el tercero de los condicionantes fue trabajar con una empresa constructora que, aunque sobre los papeles cumplía todos los requisitos sobradamente para trabajar con la administración pública, dejó mucho que desear en la ejecución de las obras, lastrando a todas las empresas y operarios implicados hacia una desmotivación en un proyecto que no se creían; y el cuarto condicionante, consecuencia de los tres anteriores, fue que se generó con los vecinos un caldo de cultivo de esencia tóxica. Todos estos condicionantes llegaron casi a asfixiarnos anímicamente para tirar adelante este proyecto que lo contrató un equipo de gobierno que sí creyó en nosotros. Los siguientes gobernantes heredaron las obras en marcha pero ya con el aire contaminado. Aunque es verdad que nos apoyaron para terminar este proyecto, esta obra era omitida en sus palabras hacia la ciudadanía porque todo lo que venía de la plaza no era buena propaganda, más bien apestaba. Se terminaron las obras y no hubo ni apertura ni inauguración, simplemente se dejó abierta para que la gente del lugar se apropiara de ella, como debe ser.

 

El reconocimiento

Ahora, en pocas semanas, hemos recibido dos premios y una mención finalista: PREMIO DE URBANISMO, PAISAJE E INTEGRACIÓN SOCIAL DE LA GENERALITAT VALENCIANA, 2021; PRIMER PREMIO EN LA SECCIÓN B EN LOS EUROPEAN AWARD FOR ARCHITECTURAL HERITAGE INTERVENTION (AADIPA)-2021 y PROYECTO SELECCIONADO EN LA XV BIENAL ESPAÑOLA DE ARQUITECTURA Y URBANISMO-2021. El premio europeo recibido el pasado 17 de junio en Barcelona fue contra todo pronóstico, ya que en nuestra categoría habían proyectos europeos de mucha calidad y de mayor envergadura. A los equipos de arquitectos que hemos trabajado en este proyecto de la Plaza de la Sinagoga nos reconforta todos estos reconocimientos que vienen de los ámbitos de las administraciones públicas y de los colegas de profesión que así nos lo reconocen. Nos reafirman en lo que creímos desde un principio, que era un proyecto que pone en valor nuestro patrimonio y mejora un espacio público. Ahora, sólo queda que nuestra labor se aprecie por parte de la ciudadanía que es en realidad nuestro cliente final, el que paga y debe disfrutarlo.