Visto lo pasado estos días en Mallorca y en toda la costa este peninsular, desde Cataluña a Andalucía, se pone en evidencia la necesidad real de aplicar los Planes de Riesgos de Inundación en zonas inundables. Estos planes señalan de manera teórica cuales son las áreas con riesgo de escorrentías, desbordamiento de caudal de ríos o barrancos, e inundaciones provenientes del mar. En el siguiente link del Ministerio hay más información.

Es sabido que en la pasada década se construyó en exceso, generalmente con baja calidad constructiva, por la rapidez de ejecución y mano de obra poco profesionalizada, y por si faltaba algo, en lugares no adecuados pero permitidos por los ayuntamientos. Sin embargo, los solares e inmuebles más caros continúan estando en “primera linea” o, en el peor de los casos, alterando las escorrentías naturales hacia el mar. El mercado manda, pero habrá que regularlo al menos fiscalmente. Porque los costes de reposición de todas las infraestructuras y edificaciones cercanas a las zonas inundables es muy alto. Un coste que deberemos pagar entre todos a través de partidas presupuestarias, lineas de financiación, etc. y que no irán a cubrir otras necesidades de los ciudadanos hipotecando así el futuro hasta que suceda otra vez.

Los Planes de Riesgo de Inundación no pueden quedarse en las estanterías de los departamentos de licencias urbanísticas de los ayuntamientos cogiendo polvo. Porque el urbanismo, como ciencia social, debe garantizar unos estándares mínimos de habitabilidad, calidad y seguridad en los entornos urbanos, y no podemos estar a merced de los políticos, porque estos vienen y van. Las que no volverán serán las vidas perdidas en este tipo de catástrofes.